Mi nombre es Juan Sosa Ceballos. Soy profesor de Lengua y Literatura, y aunque en la carpintería de la educación llevo 21 años, imparto clases en el Colegio Heidelberg desde hace 11. Enseñanza y escritura son mis dos grandes pasiones, por lo que puedo decir que soy profesor y escritor. Hasta el momento he publicado dos novelas, Las inevitables alas de Carla Murphy, (editorial Canarias E-book) y Todos los nombres de JB, (ediciones Tamaimos). En breve, a principios del próximo 2025, verá la luz la tercera: Liber Corvo.
¿Qué te llevó a elegir la docencia, y en particular, la asignatura de Lengua?
Tal vez yo no elegí la docencia, sino que ella me eligió a mí. Nos tropezamos al doblar una esquina del viejo barrio de Arenales y no nos hemos vuelto a separar. El temor de educar se convirtió en la satisfacción del aprendizaje. Poco a poco descubrí que no era yo el que enseñaba y los alumnos aprendían. Ellos también me enseñaban y aprendía yo. Tal cual. Educar es también aprender. Llegué a la literatura gracias a la música. Escribía letras de canciones y la poesía empezó a ser parte imprescindible de mi librería. De ahí el salto a la carrera de Filología Hispánica y al encuentro inmutable de la Literatura (en mayúsculas).
¿Qué te inspira o motiva a trabajar con adolescentes en Secundaria?
Trabajar con adolescentes parece complicado. Trabajar con adolescentes es complicado. “Parece” y “es”, dos verbos copulativos que crean un predicado nominal y por lo tanto el mismo atributo: complicado. Pero, aunque así sea, lo complicado tiene a la vez algo de maravilloso. Trabajar con adolescentes significa convertirse, en cierta medida, en uno de ellos. Ellos me obligan a mantener una visión nueva del mundo, a mostrar una mirada joven y, por encima de todo, me obligan a la comunicación permanente, la comunicación siempre. Si los adultos la practicaran con humildad más a menudo, quizás el mundo mejor nos iría.
¿Qué metodologías o estrategias utilizas para hacer que el aprendizaje de Lengua sea significativo y atractivo para los alumnos?
Las estrategias metodológicas deben ser múltiples y cambiantes. Todo profesor debe ser un trapero educativo (un patchwork) que cose telas de distintos tamaños y colores para que al final se obtenga un producto lo más apropiado posible. Las clases magistrales son eficaces y también una herramienta fundamental para el aprendizaje, pero no debe ser la única manera de enseñar. Es imprescindible una metodología del “hacer”, metodología activa la llaman, en donde el alumno se convierte en el centro del aprendizaje. Ellos hacen y yo los guío hacia el objetivo que quiero alcanzar. Un árbol con cuatro frondosas ramas: investigación, organización, reflexión y creatividad.
¿Cuál es el proyecto o actividad que más disfrutan tus alumnos en la asignatura de Lengua?
Cuando descubrí, hace unos cuantos años ya, la idea del proyecto como base del aprendizaje, empecé a disfrutar más de la docencia. De repente me vi yo también como alguien creativo que organizaba ideas con los contenidos establecidos para hacer más interesante el aprendizaje. Han sido muchos los proyectos que han resultado interesantes, divertidos y significativos. Recuerdo especialmente un proyecto llamado “Cervantes Experience”, en el que los alumnos debían encontrar un plato de comida, una receta del libro Don Quijote, que por cierto está lleno de gastronomía, “lentejas los viernes”, y debían ponerse a prepararlo en casa y grabarlo en vídeo como un “Arguiñano” cualquiera. Fue muy divertido y hubo mucha colaboración con la familia. Los resultados fueron maravillosos.
También algunos de esos proyectos se han llevado premios educativos. Por ejemplo, “Sintaxis no hay paraíso”, resultó uno de los finalistas de la Feria de Educación SIMO de Madrid. Y hasta allí nos fuimos para explicar el proyecto a otros docentes. Asimismo, realizamos un proyecto interdisciplinar llamado “Un lugar llamado mundo”, relacionado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y obtuvo el Primer Premio de una Universidad insular. Y hace unos días hemos terminado un proyecto, también entre varias asignaturas, sobre la Edad Media, “Medievalia” lo titulamos, con alumnos de 2º ESO entre 5 asignaturas (Lengua, Historia, Música, Tecnología y Plástica), todo un reto, que culminó en una Feria Medieval, en donde los alumnos mostraron sus productos.
¿Cuáles crees que son los mayores retos que enfrenta la enseñanza en el futuro?
Nos enfrentamos a difíciles retos en el futuro. La llegada masiva de dispositivos digitales ha servido para que en un solo lugar esté toda la información posible. Pero que esté lleno de contenido no implica que haya aprendizaje. Para aprender hay que pensar y pensar requiere esfuerzo. Quizás ese esfuerzo individual es lo que se ha ido perdiendo con el paso del tiempo. Ya lo decía McLuhan: “Atibórralos de información y creerán que están pensando”. Se adelantaba a su tiempo el filósofo con esta idea. Por otra parte, el crecimiento exponencial de la Inteligencia Artificial ha provocado un miedo mayúsculo en ciertos sectores, no solo del educativo, sino para cualquier tipo de trabajo. Hay una frase que me gusta repetir a los alumnos: “No me da miedo la I.A., me da miedo la falta de inteligencia natural”. Y a partir de esa idea los intento hacer reflexionar. Mientras haya poesía, el futuro tiene una posibilidad, aunque sea pequeña, de salvarse.
¿Qué valores o lecciones esperas transmitir a tus alumnos a través de tu asignatura?
A través de una asignatura como Lengua C. y Literatura hay que establecer una serie de valores que impacten de manera positiva en el corazón de los alumnos. No descuidemos el sentido de la palabra “felicidad”, últimamente de tanto utilizarla estamos gastando su ropaje. La principal obligación, derecho y deber de un ser humano es ser feliz. Y los adolescentes, por si alguien lo dudaba, son también seres humanos. Me viene a la mente una frase del escritor ucraniano de finales del siglo XIX, Mijail Bulgákov: “ Las personas inteligentes han observado desde hace tiempo que la felicidad es como la salud: cuando la tienes, no la percibes”. Y para ser feliz sobre todo hace falta “autoestima”. Debemos, principalmente, fomentar la autoestima entre todos los alumnos. Pensaba bien también en el desconocido poeta “granaíno” de la Generación del 27, José Valdelomar cuando escribía: “quien más amor da, más amor tiene, y que podríamos adaptar a: “quien más felicidad da, más felicidad tiene”. El último valor que me gustaría transmitir viene de la mano de Antonio Machado: “Hay que ser, en el buen sentido de la palabra, bueno”.
¿Cuál ha sido uno de los momentos más memorables en tu aula como profesor?
Recuerdo especialmente un día en el que los alumnos de un 4º de la ESO, al entrar yo en clase se pusieron a imitar la emotiva escena de la película «El club de los poetas muertos”, subidos a las mesas y declamando: “Oh, capitán, mi capitán”. O cuando una vez, después de que el día anterior le dijera a algún alumno tumbado prácticamente sobre la mesa que aquí nadie duerme si no se tiene una almohada. Al día siguiente, vinieron todos con una desde casa y, cuando comencé la clase y me disponía a hablar, cada uno de ellos sacó su almohada para recostarse en la mesa, majaderos. Pero sobre todo, son emocionantes esos momentos en los que los alumnos te dan las gracias de manera sincera por haber culminado un proyecto, o por haber trabajado juntos un curso completo. En realidad debe haber muchos otros, pero no debo alargarme demasiado. Lo bueno, si breve…
Para finalizar, les voy a recomendar dos libros: La isla de los muchachos hermosos, de Pedro Flores, un poeta y escritor canario, que escribe con la sutileza de las dunas de arena rubia, una historia estupenda. El otro es El Lazarillo, una historia anónima del siglo XVI, pero que conserva el peso de la realidad, de la verdad y el humor. Cuando alguien me pregunta por una película, yo siempre digo la misma: Vivir, del director japonés Akira Kurosawa, un drama que nos relata una vida y que, de repente, me hizo descubrir que lo que hemos bailado infinidad de veces con la Banda de Agaete en la rama era un vals mucho más antiguo. Si quieres escuchar una buena canción, ponte esta: “La flor de una espina en tu costado”, del gallego Xoel López.
Habitualmente, cuando entro en clase les digo a los alumnos la siguiente frase, que ellos ya toman casi como una oración de inicio: “Queridos alumnos, malditos invertebrados, futuros escritores, futuros políticos íntegros… Bienvenidos un día más a los entrenamientos de Lengua y Literatura”.
Un saludo, humor y felicidad.